Segundo tercer premio

domingo 16 de noviembre de 2008 en 13:58
Después de una año de polémicas, cartas y demás trámites, volvió a celebrarse otra edición del Concurso de Fotografía de Semana Santa de Zamora, que va ya por su vigésimo cuarta edición.
La imagen titulada "¿A quién preferís?", mostraba un contraluz del grupo escultórico "La Setencia", obra del gaditano Ramón Núñez, perteneciente a la Cofradía de la Santa Vera Cruz, alzándose de nuevo con un premio, el tercero en esta edición.

Digo de nuevo, porque en la pasada edición de 2007, esta misma imagen fue premiada con el segundo premio, aunque fue descalificada, por no cumplir las bases de la convocatoria.
Aunque participaba con dos fotografías más, con una grandeza plástica mucho mayor, el jurado optó por reconocer solamente la de este contraluz.
Vea la noticia en LA VAGUADA.

Cine español de la transición IV

martes 11 de noviembre de 2008 en 17:14
El cine populista.
(Texto extraído de la tesina de doctorado: CINE ESPAÑOL DE LA TRANSICIÓN, leída en la Universidad Complutense de Madrid en septiembre de 2005).

Este cine populista no sólo se servía de la comedia hispánica, sino también de géneros como el de terror, que ya había calado en el público español (concretamente por las llamadas “señoras en pelotas”) y de otras películas musicales con grupos de chicos jóvenes como Regaliz o Parchís.
El llamado cine de terror hispánico se instauró a mediados de los años sesenta, por un grupo de directores como Amando de Osorio o Paul Naschy, que contaban con productores extranjeros para desarrollar estos filmes[1]. Ciertamente estas películas no eran por completo un producto español, sino que contaban con la participación extranjera, no sólo técnica sino artística. En definitiva, era un cine coproducido, que se hacía en España y que se dejaba hacer en España, porque no iba en contra del régimen.
Son filmes que aunque eran un vehículo de exhibición sexual y violento, servían para dar a conocer el morbo. Otra característica de dichas películas es su carácter infantil o naïf; y eso ha hecho que con el paso del tiempo tengan millares de seguidores cinéfilos por todo el mundo.
Fue un cine sustituto del western, que había proliferado en los sesenta en España, con las coproducciones de Sergio Leone y Clint Eastwood, rodadas en Almería. Según definió Juan Miguel Company el subgénero terrorífico es “una estructura formal deficiente cuyos elementos constitutivos se encuentran en un estado de caos, incontrolado en sus últimas connotaciones por el director”[2].Este cine se inspiró en leyendas de la productora norteamericana Universal, para crear filmes basados en figuras representativas del cine de terror de los años 30 y 40. Así tenemos al hombre lobo, al conde Drácula o al Frankenstein más hispánicos en películas como Drácula contra Frankenstein o La noche de los walpurgis.
Pero si hay un subgénero dentro de este tipo de cine populista ese fue la comedia hispánica, más conocida por comedia sexy celtibérica, que se sirvió de los avances de la censura para, poco a poco, ir mostrando la sexualidad explícitamente.
Con el comienzo de la década de los años setenta asistimos a una serie de películas protagonizadas por el actor Alfredo Landa y que le valieron a estos filmes la etiqueta de landismo, puesto que Landa hacía papeles en los que el protagonista 
era el prototipo del español medio que sólo tenía en mente su apetito sexual y ver a chicas en ropa interior o desnudas. La comedia del destape fue otra de las nominaciones para referirse a este subgénero que se abrió con el film No desearás al vecino del quinto[3] (1970, Ramón Fernández).
Películas éstas, en las que la estructura dramática era débil y absurda; el protagonista sólo pensaba por y para el sexo, lo que le llevaba a perseguir a mujeres liberales, aunque al final siempre termina con la casta chica de su pueblo. Tenían una estética grosera, basándose en la tradición hispana del sainete y la revista. Son filmes que pretenden caricaturizar la democracia y donde el núcleo del argumento es el coito sexual, aunque sólo se alude a él y nunca se muestra.
Pero no sólo la comedia hispánica se nutrió de Alfredo Landa para conseguir sus expectativas, sino que personajes como José Sacristán, Antonio Ozores, José Luis López Vázquez o Paco Martínez Soria fueron protagonistas de este tipo de filmes, cuya estructura narrativa carecía de toda lógica.
Otra película, que no analizaremos, pero que debemos destacar puesto que fue una sátira de una de las costumbres que tuvieron los españoles de la época es Lo verde empieza en los pirineos (1973, Vicente Escrivá). Narra la peregrinación de tres españoles hacia el sur de Francia para ver películas que estaban prohibidas en España.
Hay que destacar que estas películas eran realizadas por cineastas afines al Gobierno, de la derecha más nostálgica, como Escrivá, Ozores, Gil, Lazaga, Masó…
El hecho por el que triunfaron este tipo de comedias fue por las estructuras narrativas fijas, con pequeñas variaciones superficiales y sobre todo, porque contaban con el respaldo de la mayoría de los espectadores.
Este subgénero ha sido víctima[4] por parte de muchos escritores e historiadores de una gran repulsa y una actitud de indiferencia hacia él, que no podemos dejar de comentar.
El hecho de que estos autores tuvieran una actitud más afable con el Gobierno de turno, y que sus películas no presenten una sólida línea argumental no sirve como motivo de rechazo puesto que estos cineastas forman parte de la cultura de país y, en el periodo franquista fueron los únicos que hicieron un cine que divertía al gran público español. No cabe duda de que no se pueden comparar con los cineastas del llamado cine de autor, igual que tampoco se puede valorar a los cineastas de la tercera vía, pero merecen un respeto, puesto que han contribuido a reforzar la riqueza del cinema español. Es probable que ciertos historiadores no apoyen estas palabras, pero evidente es que todas las opiniones contribuyen a enriquecer el debate del panorama cultural y cinematográfico de nuestro país.

Dicho esto y para terminar con el estudio de este subgénero del cinema español, nos proponemos analizar la película de Ramón Fernández, No desearás al vecino del quinto (1970). Comedia ésta rodada en cinemascope con un aspect ratio de 2.35:1; los títulos de crédito -en rojo- simbolizan la pasión y la música del comienzo -típica de las comedietas de este subgénero- nos presentan a un matrinomio camino del hospital, tras recibir una paliza por parte de un capo de la mafia italiana.
A través de un flash-back, Ramón Fernández, nos presenta una historia, sin ninguna trama densa, en la que un par de españoles se dedican a ir detrás de jovencitas extranjeras sin demasiada ropa, para calmar sus apetitos sexuales, prohibidos en su pueblo.
A través de un símil, el director nos compara la villa donde viven los protagonistas de la historia, con el pueblo español, que vive pendiente de los demás.
La historia se centra en un ginecólogo, Pedro, y su novia Jacinta. Gente humilde, provinciana, calco de la sociedad española de la época.
En el lado opuesto se encuentra Antón, amanerado y libertino, es decir, la contraposición de la sociedad española. Pero este aspecto que tiene Antón es solamente una fachada ante las gentes de su pueblo, porque lo hace para ganar dinero.
Antón es un modisto, que si fuera muy macho, no tendría trabajo, por culpa de la sociedad retrógrada de la época, que no dejaba que la mujer casada fuera a un modisto a no ser que fuera gay. De ahí que le pase lo contrario a Pedro. En su consulta no tiene a ninguna paciente, y si la tiene, instantes después llega su marido para llevársela de allí, porque no entiende que su mujer tenga que quedarse a solas y desnuda con un hombre que no sea él.
Pero Antón aprovecha esta tapadera, para lucrarse sexualmente hablando, y una semana cada mes, se va de picos pardos a la capital de España a encontrar el frenesí. Justo lo mismo le va a pasar a Pedro, cuando conozca la faceta masculina de su vecino del quinto en una noche madrileña. A partir de ahí comienza una complicidad entre ambos para ligar con todas las chicas de fiesta por Madrid. El aire moderno que desprenden los dos protagonistas contrasta con los viejos prejuicios que tienen los habitantes del pueblo, y que se pueden extrapolar a toda la sociedad española de la época.

En el filme vamos a comprobar la faceta celosa de la mujer española, no sólo de la novia de Pedro, que le dice “estás jamón”, refiriéndose a que es un hombre bien parecido; sino también de la madre, que lo quiere tener a toda costa en su casa, y sufre cada vez que su hijo se va de viaje a Madrid. La madre es protectora, pero también represora: “no hagas esto, llámanos cuando llegues”, le dice.
Por otro lado, tenemos la conducta anacrónica del pueblo español, que no ve con buenos ojos que una chica joven (como la mujer que acompaña a Pedro en el mismo vagón del tren) pueda ganarse la vida como modelo publicitaria, desnudándose.
Otra de las notas llamativas del filme es la pequeña crítica que hace a las fuerzas del orden, cuando sueltan a Pedro tras haber sido detenido por, presuntamente, llevar a una chica descuartizada en su maleta. Uno de los detenidos destaca lo que es tener amigos influyentes o contactos entre la policía.
También uno de los papeles más destacados del filme es el del padre de Jacinta, típico padre chapado a la antigua y totalmente retrógrado; con sus comentarios evidencia el sentimiento de la mayoría de la gente mayor de la época: su miedo a la juventud transgresora y a las nuevas mentalidades más abiertas. Esto se plasma claramente en lo que le dice Jacinta a su padre, tras un comentario que le hace éste sobre su novio y refiriéndose al paradero de Pedro en Madrid: “Si Pedro está en una fiesta dices que es un golfo, y si no lo está dices que es un raro”.
Ramón Fernández nos relata la doble vida de dos españoles, que tienen que tener como tapadera una fachada irreal para ganar dinero, pero que se aprovechan de ella para correr tras las muchachitas extranjeras. Antón le dice a Pedro que la culpa de todo eso la tiene la pequeña sociedad en la que viven.

Por último hay que destacar la mentalidad de la mujer española, que ve como normal que su novio o marido le ponga los cuernos o eche una canita al aire, siempre y cuando la tercera persona sea una mujer, nunca un hombre. Estamos ante una sociedad subdesarrollada, cosa que reafirma uno de los capos italianos de la fiesta flamenca de Antón: “estos ritos eróticos son propios de países subdesarrollados”.
En definitiva, No desearás al vecino del quinto, inaugura un ciclo de películas en las que el tema central será el desfile de señoritas en ropa interior, perseguidas por un español en calzones que sólo tiene la mente puesta en el sexo. Estos filmes van a proliferar durante los primeros años setenta, aunque se disiparán tras la apertura política y el fin del interés del espectador por este tipo de cine. Lo mejor de estos filmes es la capacidad que van a tener para mostrarnos el sexo de una forma explícita. Se hará mención a él, pero nunca se mostrará como tal. Ésa sería la única faceta a destacar en la comedia sexy celtibérica.

Nota: en el próximo estudio analizaremos el cine de autor.

[1] El antecedente a este tipo de cinema lo encontramos en las películas producidas por la Hammer británica y por el llamado guiallo italiano.

[2] Juan Miguel Company, “El rito y la sangre (Aproximaciones al subterror hispano)” en Equipo Cartelera Turia, Cine Español, cine de subgéneros, Ed. Fernando Torres, Valencia, 1974, págs. 19 a 76.

[3] La película más taquillera del cine español hasta la llegada de “Los otros” de Alejandro Amenábar en 2001.

[4] Carlos Fernández se permite el lujo de decir: “me niego a llamarles autores”, refiriéndose a los cineastas de este tipo de filmes (Lazaga, Masó…) “Cine Español: entre la industria y la administración” en Cinema 2002, nº 14, 1976, pág. 47.

Cine español de la transición III

domingo 3 de agosto de 2008 en 18:08

El último cinema franquista: diferentes vías para realizar películas (1973-1977):

Texto extraído de la tesina de doctorado: CINE ESPAÑOL DE LA TRANSICIÓN, leída en la Universidad Complutense de Madrid.

Como explicábamos en textos anteriores, el último cine franquista no acaba cuando muere el dictador, sino que continúa unos años más. Aunque hubo varios cambios políticos, la censura cinematográfica continuó hasta bien entrado el año 1977, con lo que el sistema represor del franquismo estuvo presente en el cinema español.

Uno de los problemas del cine español en esos años fue la congelación de los fondos de protección gracias al bloqueo del Gobierno, debido principalmente al caso Matesa[1]. Por ello, a finales de los años 60 el Estado Español le debía a los productores españoles más de 200 millones de pesetas.

 

Tras la eliminación de ese 15% del total de la recaudación en taquilla, que tenía toda película española, se decidió crear una Comisión de apreciación, la cuál iba a otorgar una puntuación del 1 al 10, a cada película. Estos puntos se traducían luego a pesetas de subvención[2]. Con ello el Gobierno tendría mayor control en la concesión de las subvenciones.

Otra de las medidas del Gobierno iba a ser la aprobación de la subida de la entradas de los cines, una medida que provocaría una gran protesta entre los profesionales del cine, puesto que una parte de la entrada iba destinada a la protección (esta parte la subía el gobierno continuamente y cuando quería).

Con todo ello el panorama del cine español era ciertamente preocupante: “demasiados años de hermetismo internacional, demasiada censura, demasiada ideología oliendo a podrido: por mucho que lucháramos contra un mundo que parecía obsesionado con permanecer en el oscurantismo más absoluto, el cine español no dejaba de ser, a principios de los setenta, un vivo reflejo de una sociedad cansada que, por fin, veía el final del túnel (…) la producción era atomizada y efímera (…) la distribución estaba controlada mayoritariamente por las multinacionales norteamericanas; la exhibición necesitaba someterse a un duro reciclaje, y la televisión empezó a colonizar los hogares españoles, provocando una crisis en la taquilla que América y el resto de Europa habían sufrido antes”[3].

Y llegando a 1973 el cinema español se vio sumido en una grave crisis. Desde el Gobierno tuvieron que tomar medidas. Una de ellas fue la de instaurar de nuevo la subvención del 15% y otra la de reformar el código de censura. Esto fue lo que ha definido Sergi Sánchez, destacando la actuación del gobierno, como “espejismo de aperturismo”.

El cine más comercial iba a tomar dos caminos totalmente distintos. Por un lado, nos encontramos con el cine populista, un cine en el que no sólo está la llamada comedia landista o el landismo, sino que también se encuentran géneros como el denominado terror hispánico y el cine musical.

Por otro lado, nos encontramos con un cine comercial, no sujeto a los arquetipos sexuales del franquismo, sino que se fijaba más en las necesidades del nuevo espectador liberal. Nos referimos al llamado cine de autor, en el que los cineastas recurrieron a la metáfora para expresar los efectos que producía el franquismo sobre la sociedad.

Hubo otro camino, otra vía, la llamada tercera vía, personificada en la figura del productor José Luis Dibildos, que se encontraba situada entre el cine populista y el cine de autor. Los cineastas de esta época tenían la intención de hacer un cine de oposición al régimen pero sin utilizar la metáfora, “el tono de las películas de la tercera vía debía de ser populista, naturalista y profundamente contemporáneo”[4].

Tras esta introducción a esta etapa del cinema español, vamos a presentar en los próximos días, cada una de las vías por separado, haciendo mención a determinados filmes que son los que reflejan lo que acabamos de explicar.


[1] “El asunto Matesa fue un monumental fraude al Estado urdido por un industrial catalán, Juan Vilá-Reyes, bien conectado con el Opus Dei. Vilá-Reyes se benefició de créditos estatales para establecer una empresa de fabricación de telares textiles, con destino a la exportación, de los cuales no exportó ninguno. Cuando se descubrió el entuerto, el industrial adeudaba al Banco de Crédito Industrial 9.655 millones de pesetas de entonces. Como medida de precaución, el gobierno intervino el banco y bloqueó los créditos que se concedían a través de él, entre ellos los fondos de protección a la cinematografía que pagaban la subvención automática del 15% creada por García Escudero”, nota de Casimiro Torreiro en Historia del cine español, Cátedra, Madrid, 1997, pág. 342.

[2] Cada punto valía 400.000 pesetas en 1971, hasta llegar a las 700.000 en 1976.

[3] Sergi Sánchez El cine español en el banquillo en Los 70: cine, sexo y rock’n’roll; Fotogramas Cuadernos de Cine Nº1, pág. 77.

[4] Ibidem pág. 80.

Nuevos cursos de imagen digital

viernes 11 de julio de 2008 en 11:05
Tratamiento digital: Del 21 de julio al 1 de agosto. En Academia SGM/Ferprisa (Regimiento de Toledo) Fotografía digital: Del 4 al 18 de agosto. En La Alhóndiga. Profesores: José Antonio Pascual y Javier Alcina. Inscripciones en La Alhóndiga a partir del 1 de julio. Cursos completamente gratuitos.
Descárgate aquí la información.

Fotografiar la Semana Santa

sábado 29 de marzo de 2008 en 20:21
Terminó la Semana Santa, y con ella unos días de duro trabajo por la provincia de Zamora. La ocasión lo merecía, ya que me he empapado de muchas nostalgias vividas en esos pueblecitos. Toro, Fermoselle, Alcañices, Villalpando y Carbajales de Alba y por supuesto la capital, fueron mis destinos.






Fotos: Ada Nafría Prada, José Antonio Pascual y Javier Alcina.

Como son días de mucho trabajo les pedí a Ada y a Jesús de la Calle, que fueran mis compañeros de viaje, y como no, aceptaron mi invitación.
Gracias a ambos.

SIETE PALABRAS BAJO LA LUNA: CUARENTA AÑOS DE CAPERUCES VERDES.

jueves 6 de marzo de 2008 en 0:36
Ocho lustros han transcurrido desde que en 1968, un grupo de jóvenes zamoranos, la mayoría estudiantes universitarios y de bachillerato, a través de su condición cristiana, iniciara el camino para la creación de una nueva cofradía de penitencia en la Semana Santa de Zamora. Justo en el año en que la juventud se rebeló contra sus mayores en mayo de ese mismo año.
Los zamoranos que formaban parte de este grupo de entusiastas, tenían el objetivo (según consta en el artículo primero de sus estatutos) de fomentar la religiosidad y el espíritu penitencial que años atrás habían promovido otras cofradías penitenciales, la Hermandad de Penitencia en 1956 y anteriormente la Penitente Hermandad de Jesús Yacente en 1941. Querían venerar las Siete Palabras que Jesucristo pronunció en la Cruz antes de morir. La imagen del Santísimo Cristo de la Expiación situada en una capilla de la Iglesia románica de Santa María de la Horta fue cedida por la parroquia desde entonces, para llevar a cabo la puesta en marcha de la Hermandad. Precisamente en este año ha salido a la luz la autoría de dicha obra. Un zamorano puede ser el autor de la talla, según las últimas investigaciones del historiador Jose Ángel Rivera de las Heras, después de que tantos años fuera anónima.
Como en cualquier cofradía o hermandad de esta Semana Santa, la de las Siete Palabras se iba a caracterizar, no sólo por su religiosidad y penitencia, sino también por su austeridad. Desde sus comienzos se pensó que la Hermandad fuera de carácter mixto, aunque no fue hasta veinte años más tarde, 1988, cuando pudieron desfilar mujeres en sus filas. Esta incorporación de la mujer, con los mismos derechos que los hombres en la Hermandad, no estuvo apartada de polémica, es más, causó bastante expectación en la sociedad. La decisión hizo que aumentase considerablemente el número de hermanos, llegando a más de mil y teniendo, actualmente en su lista de espera a más de seiscientos solicitantes. Tal vez si otras cofradías zamoranas hubieran seguido su ejemplo, la hermandad no tendría esa larga lista de solicitudes para entrar en ella.
En su desfile, todo es sencillez y austeridad, fervor profundo y penitencia. Siete palabras van acompañadas de siete Cristos de piedad y de perdón. En la clara noche de luna llena del Martes Santo, el ronco sonido de los tambores sigue a la comitiva rompiendo el silencio de la noche, llamando en penitencia al pueblo de Zamora. Tras los hermanos, el Cristo de la Expiación implora a su padre a través de sus últimas palabras: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. En su primera salida, 9 de abril de 1968, cuentan que la noche fue muy desapacible, motivo que no impidió que el desfile saliera a la hora prevista, doce de la noche, de la Iglesia de Santa Lucía y que el acto principal transcurriera con toda normalidad en la Plaza de Pío XII, hoy Plaza de la Catedral.
Han pasado cuarenta años, y la Hermandad está consolidada en la Semana Santa, no sólo de Zamora, sino que se ha hecho un hueco dentro del ámbito nacional, gracias al fomento de la incorporación femenina en el ámbito cofrade. Fruto de ello, el 19 de enero de este año, recibió el premio “Pasos” otorgado por la Asociación de Mujeres Cofrades de Cartagena en Murcia.
Para poner la puntilla a esta celebración, el pasado 9 de febrero, la actual directiva convocó elecciones para proclamar nuevo Abad y Junta Directiva. Savia nueva que renovará la Hermandad y le dará un carácter más fresco, del que carecen la mayoría de cofradías y hermandades de la Semana Santa zamorana.
© Javier Alcina. Más en El Itinerario.

Tiempo de Cuaresma

martes 5 de febrero de 2008 en 19:57
Con el Miércoles de Ceniza, comienza la Cuaresma. Cuarenta días en los que Zamora sabe a reuniones, asambleas, presentaciones, publicaciones, carteles y preparativos sobre la Semana Santa. Esta es sin duda, la Semana Grande de Zamora.
Como ya ocurrió en el año anterior, la Penitente Hermandad de Jesús Yacente ha confiado nuevamente en mí, para el diseño de su cartel anual anunciador de los Vía Crucis Cuaresmales y su Desfile Procesional. En el año anterior, 2007, el diseño fue un fotomontaje de varias imágenes representativas del Desfile con fondo morado y letras blancas, colores éstos, corporativos de la Hermandad.
Este año, en cambio, la fotografía copa completamente el cartel. Está tratada digitalmente para conseguir un revelado cruzado. Se han realizado dos degradados (uno negro por arriba y otro blanco en la parte de abajo), para darle más relieve a la tipografía. La foto refleja el instante en el que la imagen titular de la Hermandad hace su entrada por la Plaza Fray Diego de Deza, con la vista de la Iglesia de San Pedro y San Ildefonso al fondo.
Este es el resultado:

Y aquí el cartel de la edición anterior de 2007:

Más en: www.yacentezamora.org
© Javier Alcina.